sábado, 15 de noviembre de 2014

Óvulos congelados.



Buenas bloggeros!!

Hoy vamos a hablar sobre un tema muy interesante y popular en estes momentos.

Desde que se anunció por parte de empresas muy importantes como Facebook y Apple que se encontraban dispuestas a financiar la congelación de los óvulos de sus trabajadoras, surguió una alarma a nivel social.

Esta opción existe desde hace tiempo, pero desde que estas importantes empresas lo anunciaron esta posibilidad está más presente.

Afirman que de esta forma se conseguirá que sus trabajadoras puedan seguir con su formación y dejar para más tarde tener hijos, pero esto causó un gran revuelo, pues con este  anuncio se está facilitando la posibilidad de retrasar los embarazos.

La crionización de óvulos, es una posibilidad que tienen en cuenta muchas Españolas, pero es la primera vez que una compañía está dispuesta a pagar hasta 20.000 dólares del coste médico.

La realidad es que presionadas o no, ya hay mujeres que tienen en cuenta la posibilidad de la congelación de óvilos, con el fin de retrasar su reloj biológico y retomarlo más tarde cuando sea conveniente.

Os dejo un fragmento de lo que ha dicho una Española de 38 años sobre la crionización:

"De momento no está activado mi deseo de ser madre, ni siquiera tengo claro si lo quiero. Tampoco ha aparecido el potencial padre de mis hijos. Pero a comienzos de este año decidí congelar mis ovocitos. Tengo 38 años, me gusta mi vida y no quiero que el reloj biológico me agobie. No se me habría pasado por la cabeza si no hubiera mantenido una charla con una pareja de amigos que tuvieron cuatro hijos a través de la fertilización 'in vitro'. Ellos se preguntaban qué iban a hacer con los embriones que habían sobrado. Las posibilidades eran casi infinitas: descongelarlos, donarlos a la investigación, dárselos a una pareja, regalármelos a mí en el caso de que yo en algún momento quisiera un hijo... Me parecía ciencia ficción y me hizo pensar. Empecé a investigar. Mi ginecólogo me recomendó una clínica y pedí una cita. Al llegar me encontré en una sala de espera repleta, con todo tipo de parejas unidas por el objetivo de la fertilidad, desde los más conservadores a lesbianas o mujeres solas que querían inseminarse.

Lo que siguió después fue lo más parecido que he visto a una fábrica de producción en serie: jamás volví a hablar con la doctora que me atendió la primera vez. Ella apenas estuvo conmigo cinco minutos, las dudas me las resolvió otra persona. Me informaron de los honorarios de la clínica: 2.000 euros sin incluir los medicamentos, que costaban casi otros 2.000, más 200 euros anuales para conservar mi microscópico material genético.

En la clínica te explican estrictamente lo médico, dando por sentado que estás al tanto del marco legal. Me enteré de que en España, por ley, pueden hacerte el tratamiento hasta los 49 años y medio, límite de edad para someterse a un tratamiento de fertilidad. Luego se pasa el arroz para siempre. La verdad es que yo tenía muchas lagunas. ¿Cómo he podido rondar los 40 sin saber cosas como que las mujeres tenemos la misma reserva de ovocitos desde que nacemos? Tuve que refrescar mis conocimientos de biología del instituto. La cruel realidad es que a partir de los 37 años esta disminuye, no es que no puedas quedarte embarazada, sino que se reducen las probabilidades. Es como comprar en las rebajas: cuanto antes vayas, más cosas encuentras.

Tras ser informada, como ferviente creyente en los avances científicos, decidí seguir adelante. Preparé todo para las vacaciones de Navidad. En la clínica me abrieron una ficha con los días que tenía que ir a controlarme. El resto debía hacerlo sola. Cuando llegué a mi casa y vi las 30 jeringas con hormonas y caí en la cuenta de que tenía que inyectarme dos veces diarias, me asusté. ¡En la nevera almacenaba 1.500 euros de medicinas entre los espárragos y el jamón! Cada 48 horas iba a la clínica para medir, mediante ecografías vaginales, cómo iban creciendo mis ovocitos.

No noté nada hasta los últimos días, cuando ya me sentía pesada, tenía el abdomen hinchado con unas bolas que rebotaban en mi vientre, y los senos enormes. En la recta final tuve cita con anestesista y cardiólogo. Sin darme cuenta, tenía en mis manos un certificado de preoperatorio y fue ahí cuando por primera vez me pregunté '¿qué hago aquí?', pero era tarde para volver atrás. En el quirófano me aspiraron 20 ovocitos, de los cuales 15 fueron buenos. Una cantidad óptima para mi edad.

Estoy contenta de haberlo hecho, aunque me hubiera gustado un trato más personalizado. No pido la alfombra roja, pero esto no ha sido una gripe resuelta con una aspirina. Me imagino a una mujer preocupada, jugándose casi todo en esas consultas, y debe de sentirse muy vulnerable. Están en el aire muchas expectativas, creo que por eso se funciona de forma tan impersonal. Así que allí están mis ovocitos, son mi 'plan B'. Nunca los he visto, posiblemente sea imposible de tan pequeños. He imaginado cosas horripilantes, como que el laboratorio se equivoca y los usa. Pero confío en que son muy escrupulosos. Cuando inicié el proceso les pedí un certificado de que mis óvulos estaban ahí. Me decían que el DNI era válido para realizar cualquier gestión, pero no me daba seguridad. Y les exigí que no se hiciera nada con ellos si me pasaba algo, que se destruyeran. Ahora que ya está hecho, me resulta maravilloso que exista esta posibilidad. 
Lo mío fue un capricho, pero los avances ayudan muchísimo a infinidad de mujeres. Si salgo con un chico, no saco el acta de nacimiento de los ovocitos, pero si me hace una pregunta muy directa le contesto que estoy resguardada. Y cuando escucho a alguna mujer obsesionada con la maternidad y el tiempo, le digo: 'Relájate y ahorra, porque existe esta posibilidad'. Yo ya no tengo el reloj encima".


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